Primera lección:
Que madre no hay más que una, ya lo
sabemos todos. Incluso Movistar, con toda su tontería empresarial,
lo tiene claro. Y mira que saca tarifas planas para esto y para lo otro, pero
jamás, jamás, jamás, sacará una tarifa plana para las madres, porque ahí
perdería dinero. Bien lo saben. Y es que solo una madre es capaz de llamarte
diecisiete veces para decirte lo mismo, ¡con las mismas palabras!, y con el
mismo tono de indignación, sorpresa o estupor de la primera vez. ¡Qué yo
ahora vivo en New York! Pues aun así me
llama, y eso…, eso... (se me saltan las lágrimas) ¡Eso solo lo hace una
madre!
Por todo ello, propongo que ciertos términos, que difícilmente categorizan con
plenitud a esa gentil mujer que nos dio la vida, deben desaparecer de nuestro vocabulario habitual con explícita
urgencia, ya que su uso nos remite al puro accidente sexista, machista,
sindicalista, racista, progresista o cualesquiera otras “istas” de la lengua
española (en femenino).
Deben desaparecer términos como el llano y con deje cansino maaama, (como los Mamas and los Papas cantando el Monday, Monday); el
despectivo vieja (sobre todo si no eres argentino); el
irónico jefa (cuando toda la vida de Dios tu madre ha
vivido para atenderte); el clerical santa (especialmente si nos referimos a las madres
políticas); el grupo nominal “la pesada de mi madre” cuando la pobre lo único que quiere es enderezarte la vida; la
interjección ¡Madre mía, madre mía!, que nada tiene que ver con ella, pero mejor que no sepa; y, por último,
aunque no por ello menos importante, los coloquiales mamá y madre. Proponemos la desaparición de mamá por su nefasta
evolución hacia el ya citado maaama, y su derivación al familiar la
maaama.
Igualmente, madre debe modificarse y evolucionar porque, nos guste o no, no es una
palabra moderna. Yo esto ya lo he comentado en las Comisiones con mis colegas y
ellos también piensan que no es cool, que le falta ambición y proyección
universal.
Además, aquí en la ONU, con tanto chino,
hay mucha confusión de fonemas, y uno no sabe si dicen madle o es que quieren
jugar al padel cuando se acuerdan del paddle; por eso, para que mis colegas me
entiendan bien, me he inventado el término mamadre, que no es
sexista, no es racista, suena contundente y acoge en sí la función expresiva
Wittgensteiniana que tanto nos gusta a las intelectuales como mi persona
humana, esto es: integra el sentimiento del amor incondicional de la maaaama, y el faro en
la oscuridad de la madre.
El término
tiene su correlato, por supuesto, en el papadre.
Así pues, ya que madre no hay más que
una, a partir de ahora, la denominaremos mamadre. Por la circunstancia contraria, ya que
nadie es capaz de decir este cura no es
mi padre, usaremos el término papadre para dirigirnos o hablar de nuestro progenitor.
Segunda lección:
Os reísteis. Incluso algún que otro
académico petulante se puso exquisito cuando yo alumbre al mundo el
término miembras.
Pero el tiempo siempre da la razón a los
sabios, y yo lo vi claro. ¡SI ES QUE FALTABA EN EL DICCIONARIO! ¡Si es por algo
yo era mieeeembra del gobierno!
Por esa misma razón, Udaberri, mi más
ferviente discípula, el otro día me insinúo inopinadamente un término que ya está haciendo
falta.
Pues no que va y me dice: «Maestra,
cómo te admiro. Allí, en New York, comiendo pizza, viendo la super bowl, cobrando
una pasta en la ONU, pasando de la crisis. ¡Eres mi ídolo!»
Claro, yo tuve que llamarle al orden
desde mi poder alfa (la pobre es que no da más de sí) y tuve que espetarle con contundencia: «¿Tú has
visto que yo tenga güevos? ¿No, verdad? ¡Coño, Udaberri, pues entonces seré tu
ídola! ¡TU ÍDOLA!».
Tercera lección:
Desde que a los de la RAE le ha dado por
hacer caja con las gramáticas, ¡están desbaratando el lenguaje! Con lo apañao y
lo sencillito que lo teníamos las progresistas. Vaca, vaco; yegua, yeguo;
toro, tora; caballo, caballa (bueno, creo que esa es otra especie, da lo
mismo); camarado, camarado, jóvenes y jóvenas.
Pero no, ellos a enredar, a liarla
parda. ¡Y más ahora que en el Cervantes y en la RAE son amiguitoooos!
Ya veréis, ya veréis… ¡A este paso van a
hacer que los niños en la escuelas lean El defensor, de Salinas! ¡Uyyyyy,
mamadre! ¡Qué baaaaarbaridad!
Pero ya sabe, cuando el diablo no tiene
que hacer… pues eso, a fastidiar. Por eso yo ya he dado mi opinión en el tuiter
sin necesidad de usar los 140 caracteres, solo 7: IDIOTOS. Completamente
idiotos. Eso es lo que son.
En fin… por hoy ya son bastantes
lecciones, que yo soy muy creativa, como mi colega
Laurita de Invercaria, pero pensar agota mucho. Así que ahí os dejo, con un
buen ejemplo de arte flamenco (ya sabéis que yo de eso sé) mientras me tomo un coca cola, a ver si me repongo de tanto disparate académico.
Feliz fin de semana
Feliz semana